Más fácil de digerir
La fermentación predigiere parte del gluten y los almidones, así que tu cuerpo lo asimila con menos esfuerzo.
El fermento más antiguo del mundo: cómo nació, por qué casi desaparece y por qué hoy vuelve a las mejores mesas. Y lo que aporta a tu salud.
La masa madre es un fermento natural vivo: una mezcla de harina y agua que, dejada reposar, captura las levaduras salvajes del ambiente y las bacterias lácticas de la propia harina. Esas levaduras hacen crecer el pan; las bacterias le dan su acidez y su sabor.
Es lo contrario de la levadura comercial: aquí no hay prisa ni atajos. Solo fermentación lenta, de muchas horas, que transforma la masa y predigiere parte del gluten y los almidones antes de que llegue al horno.
La fermentación lenta no solo da sabor: cambia el pan por dentro.
La fermentación predigiere parte del gluten y los almidones, así que tu cuerpo lo asimila con menos esfuerzo.
Libera los azúcares más despacio: menos picos de glucosa que el pan con levadura comercial.
Reduce el ácido fítico de la harina, lo que mejora la absorción de hierro, zinc y magnesio.
Su acidez mantiene el pan tierno durante días, sin necesidad de aditivos ni conservantes.
Los ácidos orgánicos de la fermentación dan ese sabor profundo y esa corteza que el pan rápido no tiene.
Solo harina, agua, sal y tiempo. Nada de mejorantes ni conservantes artificiales.
Elaboramos con esta misma tradición, cada día, para profesionales de toda la Comunidad de Madrid. ¿Lo llevamos a tu mostrador?